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Balada del diablo y la muerte

 

Estaba el diablo mal parado en la esquina de mi barrio, 
ahí donde dobla el viento y se cruzan los atajos. 
Al lado de él estaba la muerte, con una botella en la mano, 
me miraban de reojo y se reían por lo bajo. 
Y yo que esperaba no sé a quién, al otro lado de la calle del otoño
una noche de bufanda que me encontró desvelado, 
entre dientes, oí a la muerte, que decía así: 
Cuántas veces se habrá escapado, como laucha por tirante 
y esta noche que no cuesta nada, ni siquiera fatigarme, 
podemos llevarnos un cordero, con solo cruzar la calle. 
Yo me escondí tras la niebla y miré al infinito, 
a ver si llegaba ese que nunca iba a venir. 
Estaba el diablo mal parado, en la esquina de mi barrio, 
al lado de él estaba la muerte, con una botella en la mano. 
Y temblando como una hoja, me crucé para encararlos, 
y les dije, me parece que esta vez me dejaron bien plantado. 
Les pedí fuego y del bolsillo saqué una rama pa' convidarlos 
y bajo un árbol del otoño nos quedamos chamuyando, 
me contaron de sus vidas, sus triunfos y sus fracasos, 
de que el mundo andaba loco y hasta el cielo fue comprado 
y más miedo que ellos dos, me daba el propio ser humano. 
Y yo ya no esperaba a nadie, y entre las risas del aquelarre 
el diablo y la muerte se me fueron amigando, 
ahí donde dobla el viento y se cruzan los atajos, 
ahí donde brinda la vida, en la esquina de mi barrio...

La Renga

 

Solo las personas capaces de amar intensamente pueden sufrir también un gran  dolor,

pero esta misma necesidad de amar sirve para contrarrestar su dolor y curarles.

León Tolstoy