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Duelo
- Su
finalidad
Muchos
creen que en el duelo hay que dejar pasar el tiempo que todo lo cura y
considerar el sufrimiento como propio, exclusivo y no compartible; no
hablar y sufrir en soledad y en silencio; procurar despejarse y evadir los
recuerdos; vivir como si nada hubiera pasado, cayendo así en una especie
de sumisión ante el fatalismo. ¡Es un gran
error!
Otros,
por el contrario, creen que el duelo es un continuo lamento y desahogo
exteriores, situándose en un estilo de vida eternamente infeliz; o recluyéndose
en un mundo imaginario por sentirse agobiados por la realidad. ¡No
es lo correcto!
No
es tampoco el duelo para olvidar ni para dejar de amar al ser querido
muerto. ¡Sería absurdo!
La
finalidad del duelo es dar expresión y cauce sano a los sentimientos,
serenando el sufrimiento, dominado la pena de la separación, aceptando la
realidad de la muerte, integrando la extrañeza física, reorientando
positivamente la energía afectiva con un proyecto pleno de sentido,
amando con un nuevo lenguaje de amor al fallecido a quien, como creyentes,
ponemos en las manos misericordiosas de Dios en la esperanza firme de la
resurrección, donde nos ama con el amor purificado y pleno de Dios.
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